• 20 junio, 2016

    Adictos a la comida basura

    Cada vez son más los intelectuales de todos los campos que advierten sobre la manipulación que ejerce la industria alimentaria en el momento de la compra y consumo de alimentos. En esta ocasión, el premio Pullitzer Michael Moss ha publicado un libro que te hará reflexionar.

En su libro, “Adictos a la comida basura”, Michael Moss nos llama la atención sobre la emergente epidemia de obesidad que está afectando a la población mundial, así como reflexiona sobre el papel de la industria alimentaria en este problema.

Es evidente que la comida que nos oferta la industria alimentaria está cada vez más procesada, con cantidades de grasa y azúcares excesivas, y a precios bajos, que hacen que la opción de frutas y verduras cada vez nos parezca menos atractivos.

Preguntados por este aspecto a los altos cargos de la industria alimentaria, éstos no parecen tener demasiados remordimientos, echando la culpa al consumidor por no saber elegir adecuadamente su alimentación.

Sin embargo, según Moss, existe suficiente evidencia científica para asegurar que los alimentos ricos en grasa y azúcares pueden provocar que se consuman de forma compulsiva. Esto, unido a los impactantes mensajes publicitarios que nos lanzan a diario, deja al consumidor en una posición débil.

Para paliar la creciente obesidad, se proponen medidas como aumentar el precio de bebidas azucaradas y snacks, aunque también afirman que la industria alimentaria debería pagar más impuestos al Gobierno, dado que los gastos relacionados con problemas de sobrepeso cada día son más significativos.

También es cierto que, poco a poco, algunas empresas intentan mejorar su imagen de marca diseñando productos más saludables, aunque en algunas ocasiones esto también tiene “trampa”, ya que consiguen eliminar ingredientes “malos” mediante el aumento de conservantes, o cambiando unos ingredientes “malos” por otros. En muchas ocasiones, un alimento bajo en azúcares esconde un “rico en grasas” para aumentar su palatabilidad.

La conclusión a la que llega Moss pasa por comer “comida real”, disminuyendo el consumo de comida procesada, y potenciando la comida de origen vegetal como base de nuestra dieta.